viernes, 16 de enero de 2009

Todos los hombres del presidente.

La tarde ha estado marcada por la dimisión de Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, que ha mantenido el papel de Richard Nixon hasta el final, desde que el Marca destapó el escándalo del Merengate hasta que se ha despedido esta tarde con un teatral "que Dios les bendiga". Sin embargo, ni siquiera hoy ha podido quitarse de encima esa pinta de empresario de medio pelo que no serviría ni para limpiarle las botas a Donald Sutherland en Sexy Money.

Pese a mi madridismo moderado, no me ha divertido tanto la dimisión como la escena que en mi imaginación se desarrollaba lejos de allí.

Concretamente, en un despacho en el ático de la sede central de ACS, donde un hombre de semblante siniestro contempla Madrid desde el gran ventanal mientras acaricia a su gato, un hermoso ejemplar de persa blanco. Tras de sí se escucha el sonido de la rueda de prensa de Ramón Calderón.

-¿Has oído eso, Puskas? -le pregunta a su gato-. La segunda fase de la Operación Casablanca se ha resuelto favorablemente. Excelente.

Sin dejar de acariciar al felino, el misterioso caballero se aproxima a su escritorio y presiona el botón de un intercomunicador.

-¿Qué desea? -pregunta una voz servicial al otro lado de la línea.

-Emilio, reserva dos billetes para Manchester. Salimos mañana.

-Sí, señor presidente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Grande el relato! :DD

Te lo dice uno al que el futbol se la trae flojísima, pero aprecia las ironías y estupideces de abundan en la vida.

Y a mí que Calderón me recordaba a Ybarra, el del BBVA...

James dijo...

A la realidad le falta siempre un poquito de cine, hacemos lo que podemos para mejorarla.

¡Un saludo!