
El
VI Día C que, como sabréis los lectores de este blog, es el congreso anual de publicidad organizado por el
Club de Creativos, se celebró el jueves y el viernes pasado en Madrid. Este año debía ser especial, ya que se celebrama el
X Aniversario del Club, pero el particular marco en que se desarrollaba influiría tanto en el evento como en mi valoración personal.
Empecemos por lo mejor. Sin duda, pudimos disfrutar de algunas conferencias magníficas, como la de
Paul Kemp-Robertson, el fundador de
Contagious Magazine que nos habló sobre nuevas tecnologías y marketing online no invasivo, o
Jim Margolis, socio fundador de
GMMB, la agencia que diseñó la estrategia comunicacional de la campaña de Barack Obama. Sólo éste último valió el precio de la entrada, ¡y además no puedo dejar de repetir con ironía su "that's so tyical of Barack"! También fueron interesantes el encuentro entre jóvenes creativos y el repaso que los cinco ex presidentes dieron a las mejores ideas de los últimos 10 años. A destacar el divertidísimo vídeo de
Miguel García Vizcaíno, con quien me reencontraría un año después -y ahora digo cosas como "eso es tan típico de Miguel".
Farándula aparte, el homenaje a la mítica agencia
MLLB y a
Bernat Soria por impulsar la investigación con células madre (
mejor idea de la década según los creativos) entorpecieron el ritmo de la velada. Para colmo, la gala de entrega de premios fue tediosa, torpe,
amateur, vergonzosa y se alargó hasta lo indecible. La fiesta posterior no fue mucho mejor, aunque afortunadamente el sector publicitario sabe emplear su creatividad en que la noche no se acabe nunca.
Volviendo a lo que decía en el primer párrafo, el marco en que se ha desarrollado el VI Día C no puede pasarse por alto:
Crisis. Esa palabra, que el pasado año no fue pronunciada ni una sola vez, estuvo presente desde el momento en que se propuso celebrar el X Aniversario del CdeC por todo lo alto, con yate y fiesta ibicenca incluidos. Primera mala señal. Pronto, las cabezas
pensantes se echaron atrás: austeridad, austeridad; Madrid, Madrid. Sin embargo, el CdeC daba alas a quienes critican que es un Club de Directores Creativos. De jefazos, vamos. De forrados. Esta crítica, sumada a otras relativas a su inactividad y falta de beligerancia se hicieron escuchar en la asamblea anual, pero probablemente nada de eso cambie. El CdeC es una élite, mientras la gran mayoría de creativos malvive supeditada a las decisiones de unos directores creativos que ignoran los más mínimos derechos del trabajador para mantener contento al cliente. Esos directores creativos, empresarios a fin de cuentas, parecen haber pactado un discurso que sonroja: "frente a la crisis, creatividad", repiten una y otra vez. Lo repiten mientras se hace palpable que en el último año se han rendido a ideas timoratas del gusto de unos clientes mermados económicamente. Lo repiten mientras reducen plantillas. Lo repiten, pero los mejores vendedores del país no consiguen que nadie compre su humo.
En fin, mi desencanto es más que evidente, aunque como la puta barata que soy volvería a ese mundillo en cuanto tuviese ocasión y le robaría horas a mi vida en busca de una idea de la que sentirme orgulloso, una idea brillante que viva lo que tarde en dar comienzo el siguiente spot.