martes, 3 de febrero de 2009

Clicks.

Tardes de gloria, tardes enteras jugando con el Fuerte de Playmobil, montándome historias que poco tenían que envidiar a las epopeyas de John Ford. Indios, vaqueros y mis hermanas pequeñas arrancándole a mordiscos las pelucas a los clicks. El Fuerte de Playmobil está, junto con el Scalextric y alguna joya de MB, en el olimpo de los juguetes de mi infancia, esos que algún día regalaré a la siguiente generación si es que la vida se abre camino.

El padre de nuestros clicks, Hans Beck, descansa ya en el Cielo de Playmobil, donde le cuidan angelitos articulados con pelucas rubias, aureolas, dos pequeñas alas y todos sus accesorios. Juegue usted en paz, señor Beck.

3 comentarios:

__ dijo...

Yo soy de Scalextric. Si alguna vez quieres jugar a cochecitos pásate por
www.minibolidos.com

Saludos, Ignacio

Anónimo dijo...

Palabras y experiencias que comparto (excepto lo de las hermanas, pues no las tengo). Eso sí, lo míos eran más del rollo medieval.

Grandes recuerdos y grandes fantasías personificadas en unos muñecajos, asexuados, manitiesos y sin cerebro (desconcertante experienca levantarle la cabellera a alguno), pero que eran tan sinceros, polivalentes e igualitarios que alimentaban y fomentaban los tan imprescindibles sueños y creatividad de cualquier hijo, e hija, de vecino.

El Sr. Beck se lleva el aprecio de muchos consigo.

James dijo...

Juguetes como estos, y algunos tebeos de Mortadelo y Superlópez, tienen la culpa de algunos de los mejores momentos de mi niñez. Sí, un crío algo solitario, pero feliz.

Gracias, Ignacio y Daniel, por vuestras aportaciones. ¡Un saludo!