martes, 11 de agosto de 2009

Regreso a Madison Avenue.

Hace unos días me cité con una joven en un céntrico cocktail bar con la intención de pasar una agradable velada. Sin embargo, mi entusiasmo se vio súbitamente frustrado por un ignorante barman que puso cara de incomprensión cuando pedí para mi acompañante un Brandy Alexander. Bien es cierto que yo no soy Jack Lemon, que no me acompañaba Lee Remick y que sin lugar a dudas mi vida no se parece a Días de vino y rosas, pero todo amante de los early sixties gusta de disfrutar con esos pequeños placeres. Por suerte, me queda el consuelo del encanto retro de Mad Men.

El próximo domingo 16 se estrena en la pequeña pantalla estadounidense la tercera temporada de la teleserie favorita de CSI y a tal motivo se han dispuesto una serie de elegantes y sofisticados artificios de promoción: Nueva York se prepara para la ocasión con cocktail parties, exposiciones y una premiere en Times Square; Vanity Fair pone la cámara de Annie Leibowitz a mayor gloria del matrimonio Draper; Esquire se entrega a la voluptuosidad de Joan Holloway, la pérfida secretaria encarnada por Christina Hendricks; Playboy rodea a los chicos de Sterling Cooper de exhuberantes conejitas de anchas caderas y generoso escote (¡levanto mi Brandy Alexander a la salud del clásico canon de belleza!); además, la versión digital de la publicación de Hugh nos regala un día en los sesenta que incluye números clásicos con imprescindibles apuntes de estilo y anatomía.

Si todavía no os sentís incómodos en bermudas estáis a tiempo de ver las dos primeras temporadas de Mad Men (y después jugar a vestir bien con Mad Men Yourself). Si ya conocéis la maliciosa elegancia de Madison Avenue, tal vez os guste recordar los diez momentos más impactantes de la serie antes de encarar la nueva temporada.

Ahora debo dejaros. Nos vemos en las coctelerías.

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