viernes, 15 de febrero de 2008

Qué grande viene siendo el cine.

No hay nada de malo en encadenar hoy un par de posts. La semana ha sido laboralmente dura, y la frecuencia con la que actualizo este humilde blog se resiente.

¿Qué tal un poco más de cine? En su día dije que no había visto ninguna de las principales candidatas a los Oscars, pero últimamente me he puesto las pilas y puedo comentaros tres de las cinco aspirantes a Mejor Película. Tranquilos, que no os reventaré detalles del argumento. No obstante, si sois de los que prefieren no acudir a las salas condicionados, ¡dejad de leer, demonios!


Michael Clayton, de Tony Gilroy, es una película seria, muy seria. Es sobria, es inteligente y desarrolla una fascinante trama: las sucias maquinaciones de una multinacional estadounidense y los esfuerzos que ha de hacer un abogado con aires de perdedor por aclarar el complejo caso. La narración, el ritmo, son impecables, algo fundamental para expresar las presiones a las que se ve sometido el protagonista. Clooney, por cierto, borda el papel. Sólo juega en su contra el físico: ¿Alguien puede ver en él a un auténtico perdedor? Lo sentimos, George: la barba de tres días y la corbata desanudada te sientan jodidamente bien. Nunca serás uno de los nuestros.



No es país para viejos, de Ethan y Joel Coen, me dejó un regusto amargo. Esta historia de triple (o cuádruple) persecución en la América profunda, aderezada con violencia cruda y reflexiones sobre la decadencia moral de occidente, roza lo magistral. Sin embargo, después de narrar pausada y eficazmente este thriller con tintes de western a lo Sergio Leone, los Coen recurren a un final que resulta, como poco, desconcertante. Servidor no lo vio con buenos ojos y salió del cine bastante confuso, después decepcionado, pese a la gran historia y los potentes personajes, entre los que destaca el oscarizable Javier Bardem en su papel de implacable maníaco homicida.



Juno, de Jason Reitman, es una película que gana con cada minuto que pasa desde su visionado. Cada recuerdo de cada diálogo impagable, de cada escena entrañable, hace olvidar los defectos que sin duda también posee. Pero ¿qué importan esos defectos? Juno no pretende ser una lección de cine. Simplemente plantea una historia diferente (adolescente embarazada decide dar a su hijo en adopción) y se adapta al esquema (peligrosamente trillado) del cine indie americano: personajes carismáticos, situaciones poco frecuentes, referencias mil a la cultura pop y una banda sonora inapelable (la de Juno no ha dejado de sonar esta semana). Como plus tiene a Ellen Page devorando a cada uno de sus compañeros de reparto y apropiándose de una película que podría granjearle un Oscar nada inmerecido.

Pues bien, chicos y chicas. Éste ha sido mi pequeño análisis de estas tres películas, tan diferentes entre sí, y con tantos y tantos momentos brillantes. Las tres son totalmente recomendables, aunque yo haría hincapié en Michael Clayton por ser a priori la menos atractiva (craso error). Juno es un sí o sí si os gusta el indie americano, y los hermanos Coen son siempre parada obligatoria.

Por cierto, entre el resto de candidatas todavía tengo pendientes Expiación y Pozos de ambición. ¿Alguien tiene algo que comentar sobre ellas? ¡No os guardéis vuestra opinión! ¡Nunca!

¡Nos vemos en los cines!

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