Si James M. Barrie, Charlie Chaplin o Antoine de Saint-Exupéry hubiesen realizado animación digital, probablemente sus obras tendrían mucho que ver con WALL·E. Para llegar más lejos, Pixar deconstruye su cine, lo simplifica al máximo y entrega su película más sencilla y, quizá, la más grande. Sí, también es probablemente la más almibarada, la menos gamberra con diferencia, pero como pueda ocurrir con Luces de la ciudad o los clásicos más clásicos de Walt Disney, no cuesta nada instalarse en una sonrisa boba y seguir así hasta que llegan los créditos -y más allá.
Una jo-yi-ta.
jueves, 7 de agosto de 2008
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2 comentarios:
los de pixar siempre me han parecido unos maestros tecnicamente, y han tenido muy bienos proyectos y guiones...pero esto es un PLAGIO de cortocircuito. No hay que poner muchos argumentos ante una evidencia, no?
Más allá del parecido físico de los protas, no veo el plagio por ningún sitio. 'WALL·E' tiene mucho más que ver con Chaplin que con una comedieta familiar ochentera protagonizada por Steve Guttemberg. Ahí lo dejo.
Ya si eso te la bajas de Internet y me argumentas... pese a la "evidencia".
¡Saludos!
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